Version en français traduite sur espace-approprie.blogspot.com

Hace tiempo que quería escribir sobre las "esculturas" que florecen en las ciudades. Como toda ciudad europea que se precie, Bruselas ha colocado unos cachivaches gigantes para distraer a la plebe. Primero fueron las vacas, "esculturas" de vacas, si a eso se le puede llamar escultura, que han ido poblando varias ciudades desde hace años: la CowParade. Yo las vi en Holanda en 2002, y creo que llevan mareándolas desde entonces, haciéndolas aterrizar estas navidades en Madrid.
Lo que me molesta, a aparte de la necedad de la administración que pone dinero para "embellecer" la ciudad con cachivaches, en lugar de hacer espacios agradables, es que estas figuras animalescas tienen poco de inocentes. Imaginemos por un momento la gente que se sube a caballito sobre las vacas, los borrachos dando patadas y demás manifestaciones de aprecio...todo desemboca en vacas chafadas que tienen que ir al "hospital". De hecho ya salió la noticia del llamado hospital de arreglo de las dichas vacas, que viene a costar un buen pico. Lo único bueno de todo esto es que al estar en el hospital Niño Jesús, reconocido por su labor con los niños enfermos de cáncer, al menos el trajín y los talleres de restauración, distraerán a los niños.

En fin, volviendo a Bruselas, ahora el turno animal es el del conejo. Conejos gigantes fluorescentes que han brotado en las calles más anodinas de Bruselas, pero no por ello menos importantes, para animar el cotarro. La place Stéphanie, donde yo trabajo, es un cruce de "gente bien" del hotelazo Conrad donde va la "People", con gente de todas partes, coches y tranvías. Tiene una rotonda vacía y una fuente a un lado, donde la gente se coloca (incluida yo) para comer un bocadillo durante la pausa para comer...si hay suerte y hace bueno. El lugar es feo, ruidoso e incómodo, con un borde de piedra que hace de fuente. Pero no hay remedio, es el único sitio verde (hay árboles aunque no césped) y soleado. Asi que al final, para no perder tiempo en ir a un parque o una zona mejor, más lejana, acabamos todos alli, rodeados de coches y con la magnífica visión de los conejos. Para hacerlo todo más ameno, hay unos duendes que por la noche mueven las esculturas, para cambiarlas de lugar y de posición, como si eso hiciera la plaza más agradable. Lo dicho, es para distraer a la plebe. Y yo me pregunto, ¿a quién pagan para ir todas las noches a mover esos gigantes? yo se que pesan...he intentado moverlos!.
esta es la fuente


Hace tiempo que quería escribir sobre las "esculturas" que florecen en las ciudades. Como toda ciudad europea que se precie, Bruselas ha colocado unos cachivaches gigantes para distraer a la plebe. Primero fueron las vacas, "esculturas" de vacas, si a eso se le puede llamar escultura, que han ido poblando varias ciudades desde hace años: la CowParade. Yo las vi en Holanda en 2002, y creo que llevan mareándolas desde entonces, haciéndolas aterrizar estas navidades en Madrid.
Lo que me molesta, a aparte de la necedad de la administración que pone dinero para "embellecer" la ciudad con cachivaches, en lugar de hacer espacios agradables, es que estas figuras animalescas tienen poco de inocentes. Imaginemos por un momento la gente que se sube a caballito sobre las vacas, los borrachos dando patadas y demás manifestaciones de aprecio...todo desemboca en vacas chafadas que tienen que ir al "hospital". De hecho ya salió la noticia del llamado hospital de arreglo de las dichas vacas, que viene a costar un buen pico. Lo único bueno de todo esto es que al estar en el hospital Niño Jesús, reconocido por su labor con los niños enfermos de cáncer, al menos el trajín y los talleres de restauración, distraerán a los niños.
En fin, volviendo a Bruselas, ahora el turno animal es el del conejo. Conejos gigantes fluorescentes que han brotado en las calles más anodinas de Bruselas, pero no por ello menos importantes, para animar el cotarro. La place Stéphanie, donde yo trabajo, es un cruce de "gente bien" del hotelazo Conrad donde va la "People", con gente de todas partes, coches y tranvías. Tiene una rotonda vacía y una fuente a un lado, donde la gente se coloca (incluida yo) para comer un bocadillo durante la pausa para comer...si hay suerte y hace bueno. El lugar es feo, ruidoso e incómodo, con un borde de piedra que hace de fuente. Pero no hay remedio, es el único sitio verde (hay árboles aunque no césped) y soleado. Asi que al final, para no perder tiempo en ir a un parque o una zona mejor, más lejana, acabamos todos alli, rodeados de coches y con la magnífica visión de los conejos. Para hacerlo todo más ameno, hay unos duendes que por la noche mueven las esculturas, para cambiarlas de lugar y de posición, como si eso hiciera la plaza más agradable. Lo dicho, es para distraer a la plebe. Y yo me pregunto, ¿a quién pagan para ir todas las noches a mover esos gigantes? yo se que pesan...he intentado moverlos!.

Hace unos años, los conejos estaban en Praga, y ahora se siguen paseando. ¡La infraestructura que habrá detrás, me imagino los conejos en el avión!.
El otro lugar donde se sitúan en Bruselas, es en el descampado que ha dejado el desalojo de la escultura de Arne Quinze de la que os hablé. Ahora que el artista se ha ido...el lugar vuelve a ser una mierda, con perdón. Estoy a favor de la arquitectura efímera, pero con sentido. Está bien hacer algo en un lugar donde nunca pasaba nada, para volverlo agradable, sobre todo cuando se hace como lo que se hizo con Quinze: bancos corridos, zonas de sombra, arena. Pero una de dos, o se deja más tiempo, hasta que cumpla su función social de zona de descanso, lectura o lo que sea, o se desmonta para hacer algo distinto. Pero HACER ALGO. No dejar un enorme descampado con dos conejos en posturas sospechosas.

Según los "artistas", los conejos simbolizan el amor y la explosión demográfica, quizá por ello algún buen samaritano (subversivo) ha querido dejar un mensaje, pidiendo que los conejos se reproduzcan, con la esperanza de que los pequeños conejitos pidan una espacio apropiado.
El otro lugar donde se sitúan en Bruselas, es en el descampado que ha dejado el desalojo de la escultura de Arne Quinze de la que os hablé. Ahora que el artista se ha ido...el lugar vuelve a ser una mierda, con perdón. Estoy a favor de la arquitectura efímera, pero con sentido. Está bien hacer algo en un lugar donde nunca pasaba nada, para volverlo agradable, sobre todo cuando se hace como lo que se hizo con Quinze: bancos corridos, zonas de sombra, arena. Pero una de dos, o se deja más tiempo, hasta que cumpla su función social de zona de descanso, lectura o lo que sea, o se desmonta para hacer algo distinto. Pero HACER ALGO. No dejar un enorme descampado con dos conejos en posturas sospechosas.
Según los "artistas", los conejos simbolizan el amor y la explosión demográfica, quizá por ello algún buen samaritano (subversivo) ha querido dejar un mensaje, pidiendo que los conejos se reproduzcan, con la esperanza de que los pequeños conejitos pidan una espacio apropiado.